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samedi 19 novembre 2011

La esquina más extraña de Bogotá parece la proa de un buque

La esquina más extraña de Bogotá

En la ciudad de la cuadrícula corbusiana, del triqui de cemento, una esquina en el sur de Bogotá sorprende al caminante.

No tiene la estampa de la clásica esquina bogotana: la de la panadería de andén generoso, adornado por una señal de tránsito o por un árbol.

En este singular caso, la esquinita sólo mide 35 centímetros, coronados por una nariz de piedra que hace ver la edificación que allí se alza como un enorme buque anclado en un océano de pavimento.

La historia de esta rareza citadina empezó hace 11 años, cuando el carpintero Henry Ovalle le compró el lote en 6'500.000 pesos a Joaquín Rey, comerciante de finca raíz.

Henry recuerda que le llamó la atención que uno de los extremos de su terreno terminaba en punta, lo que cambiaba radicalmente el diseño del edificio multifamiliar que tenía en mente. "Para dejar un poco de andén, tuve que correr la obra más de un metro y dejarlo en forma de triángulo", explica el bogotano, de 56 años. De hecho, en la esquina confluyen dos calles y no una calle y una carrera, como es lo habitual en la nomenclatura distrital: "Yo vivo en la calle 56A Bis con calle 56", agrega el carpintero, quien ya está acostumbrado a que la gente pase y se quede mirando su casa por algunos segundos.

El barrio de la esquina extraña se llama Hato Nuevo y también resulta curioso, pues se compone de tan solo tres cuadras, en la frontera entre Bosa y Kennedy.
Fabián Forero Barón - Redactor de EL TIEMPO - COLOMBIA

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